Las fibras musculares. ¿Qué son y cómo varían de un velocista a un maratonista?

Hay corredores con alta capacidad y rendimiento para las distancias cortas, otros para las distancias largas y algunos para ambas. Una de las explicaciones para esto tiene que ver con las características de sus fibras musculares.

Aunque los músculos conforman una unidad esquelética, su estructura principal la conforman las llamadas fibras musculares que a su vez están envueltas por un tejido conectivo membranoso.

Estas fibras pueden dividirse en tres tipos: lentas (o rojas), intermedias y rápidas (o blancas).

Las fibras rápidas tienen gran número de miofibrillas que pueden contraerse en 0,01 segundos o menos, y son capaces de generar mucha fuerza al producir fuertes contracciones, pero se agotan pronto. Su fuente energética fundamental es el glucógeno y su funcionamiento principalmente anaeróbico.

Dependiendo del sustrato energético que utilicen se clasifican en dos tipos:

  1. Fibras Tipo II-a: Son capaces de utilizar tanto grasa como glucosa y se emplean para realizar ejercicios con rangos de repeticiones altos (entre 12 y 20). Tienen un potencial de crecimiento de entorno al 25% de su tamaño original.
  2. Fibras Tipo II-b: Son puramente glucolíticas por lo que su preferencia para trabajar es la glucosa. Son las más grandes, las más fuertes y las más rápidas. No obstante carecen de resistencia. Pueden crecer hasta un 100% de su tamaño original.

Entretanto, las fibras lentas generan poca fuerza, pero no se agotan con facilidad. Almacenan buena cantidad de oxígeno y gotas lipídicas, siendo su funcionamiento fundamentalmente aeróbico. Estas fibras se activan más fácilmente que las rápidas porque no precisan grandes cargas o aceleraciones para su reclutamiento. Sin embargo necesitan un trabajo más largo para que resulten bien estimuladas para su desarrollo y por su diseño puedan continuar trabajando por períodos prolongados.

“También se denominan fibras Tipo I. Son muy resistentes a la fatiga y utilizan la grasa como fuente de energía ya que cuentan con más mitocondrias (parte de la célula donde la grasa finalmente se utiliza como energía). Por tanto, son las que predominan en atletas que compiten en deportes de resistencia. Su desventaja es que carecen de fuerza y velocidad. Estas fibras musculares son las que trabajan cuando realizamos ejercicio aeróbico”, destaca Luis Carballo en la página fitnessenlanube.

Asimismo Espn.run subraya que “otro punto importante es que el tejido muscular lento contiene una red más extensa de capilares que los tejidos musculares de contracción rápida y por lo tanto tiene un suministro de oxígeno mucho más alto. Además, las fibras lentas contienen el pigmento rojo de la mioglobina. Esta proteína globular está estructuralmente relacionada con la hemoglobina, el pigmento que transporta el oxígeno en la sangre”.

Las fibras intermedias son una combinación entre las fibras rápidas y las lentas. Se parecen a las fibras rápidas porque contienen poca mioglobina y son relativamente claras.

De acuerdo a nuestra genética, nuestras proporciones varían. Es muy probable que los keniatas y etíopes, por ejemplo, tengan más fibras lentas o rojas y los de Jamaica más fibras rápidas. No obstante estos porcentajes pueden cambiar con el acondicionamiento físico y el tipo de entrenamiento.

Si un músculo se usa repetidamente para pruebas de resistencia como un maratón es muy probable que algunas fibras rápidas logren capacidades funcionales de las intermedias y el músculo en su conjunto se vuelva más resistente a la fatiga. Si en cambio, el objetivo además es aumentar masa muscular, no cabe duda que se debería estimular a las fibras blancas, pues tienen más potencial de crecimiento.

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