Keniatas dopados. La reciente detección en un examen antidoping de hidroclorotiazida, un diurético enmascarante, en la poseedora del récord mundial femenino de maratón Ruth Chepngetich, ha puesto una vez más sobre la mesa la necesidad de resolver las fallas estructurales en los sistemas de control que existe principalmente en los países africanos, especialmente en Kenia, y de profundizar la educación antidopaje.
El Comité Olímpico Internacional define el dopaje como el uso de cualquier sustancia ajena al organismo, o de sustancias fisiológicas tomadas en cantidad o por vía anormal, con el único propósito de aumentar de manera artificial el rendimiento en la competición. Estas sustancias pueden incluir esteroides anabólicos, hormonas como la EPO, estimulantes, analgésicos narcóticos, diuréticos (que también pueden enmascarar el uso de otras drogas), entre otros.
El objetivo del dopaje suele ser retrasar la fatiga, aumentar la masa muscular, ampliar la capacidad de oxigenación de la sangre o acelerar la recuperación, lo cual otorga una ventaja injusta sobre los rivales y supone un grave riesgo para la salud.
A inicios de 2025, la Unidad de Integridad del Atletismo publicó la más reciente actualización de la lista de atletas suspendidos por dopaje, con Kenia liderando de manera holgada esta poco envidiable estadística.
Keniatas dopados en alza
Kenia es actualmente el país con mayor número de atletas suspendidos por dopaje en el mundo del atletismo. Y entre los factores que explican esta tendencia destacan los siguientes:
Falta de controles estrictos y profesionalización: el dopaje en Kenia muchas veces es descrito como “poco sofisticado, oportunista y descoordinado”. El acceso a asesoramiento médico adecuado es escaso y los controles antidopaje, aunque ahora más frecuentes, fueron laxos durante años.
Proliferación de agentes y clínicas no reguladas: algunos atletas recurren a médicos o agentes que administran EPO o anabolizantes sin seguimiento profesional, lo que aumenta los positivos y la descoordinación en el uso de sustancias.
La respuesta nacional e internacional: si bien hay inversión en programas antidopaje y se han creado laboratorios en Eldoret y otras medidas recientes, la magnitud del problema sigue poniendo en jaque el prestigio global de los corredores kenianos de fondo.
Presión económica: para muchos corredores kenianos el atletismo es una vía directa para mejorar la vida familiar. Con los premios que pueden lograr pueden sustentar familias durante años, por lo que incentivan la búsqueda de atajos.
Lucha permanente ante el doping
En los últimos años, la vigilancia sobre el dopaje en el atletismo se ha intensificado, incluyendo el uso frecuente de controles aleatorios, en competencias y fuera de ella, además del almacenamiento de muestras durante más tiempo (hasta diez años) para permitir reanálisis con técnicas futuras.
Pese a que con la llegada de la pandemia los controles disminuyeron, en los últimos años por los Juegos Olímpicos de Tokio las pruebas específicas se aceleraron para compensar el retraso, lo que sumado a tecnologías innovadoras como el llamado método de gota de sangre seca (DBS) ha ampliado la capacidad de detectar sustancias en pequeñas muestras sanguíneas. Y de keniatas dopados.
También ha contribuido a que las detecciones sean cada vez más públicas, la ampliación de la cooperación entre organismos como Interpol, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y las federaciones deportivas, lo que ha fortalecido el intercambio de información y alerta sobre nuevas sustancias y métodos de dopaje.
No hay dudas que la lucha contra el dopaje en el atletismo ha dado pasos importantes, pero el desafío persiste debido a la constante aparición de nuevas sustancias y las tácticas de quienes buscan eludir la normativa. No obstante, al final del camino la verdad sale a relucir.
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