Una de las carreras más interesante y prestigiosa que se organiza en Venezuela es el desafío de montaña Mifafi La Culata y creo es muy acertado calificarlo de esa manera, porque competir a 4.000 metros de altura en el estado Mérida debe ser un demandante pero hermoso reto.
Este pasado fin de semana se efectuó la edición 2021 sobre tres distancias: 10K, 21K y 45K, todas bajo estrictos protocolos de bioseguridad, y donde a pesar de las dificultades para movilizarse que hay en el país, entre otras causas por los problemas en el suministro de gasolina, congregó a competidores de muchas regiones.
Alberto Guerrero fue uno de los que en Caracas asumió con disciplina, desde hace unos cuantos meses, su participación, a la que no dudó en señalar como una gran experiencia de múltiples sensaciones “tomando en cuenta el fantástico escenario de los Andes merideños”.
“Estaba un poco temeroso por las condiciones de disponibilidad reducida de oxígeno y de hecho fui muy cauteloso en el tramo de ascenso desde 3900 a 4200 metros bajando la velocidad y supervisando continuamente las pulsaciones en los kilómetros del 9 al 11”.
Su preparación para la media la inició en noviembre, con entrenamientos en El Ávila, que por su interesante topografía ofrece ascensos y descensos, cortos y largos, que le permitieron acercarse a las condiciones que enfrentaría en Mifafi. De la mano contó con la experiencia de su pareja Yvelize Tozzi, quien ha hecho esta carrera en cinco ocasiones, cuatro de ellas en la distancia de 38K.

“De esta manera pudimos conformar un grupo de experiencia de alta montaña, donde junto a Yvelize estuvo la escaladora Urupuaga Villegas y el entrenamiento base del coach Orlando Velásquez, del Club de Corredores Cuatro Elementos”.
Después de un exhaustivo chequeo médico que incluyó la medición de la saturación de oxígeno viajó unos cuatro días antes para intentar adaptarse en la medida de las posibilidades al clima y a la altitud. Estuvo en trazados por San Rafael de Mucuchíes, Mucubají e hizo un reconocimiento de los primeros nueve kilómetros de su ruta.
Afirmó que nunca percibió en competencia quedarse sin oxígeno, pero sí sintió por momentos que se desplazaba tipo “astronauta” con movimientos que parecían en cámara lenta y que el cansancio apareció un poco más temprano. Sin embargo confesó que nunca le vino a la mente la posibilidad de tirar la toalla.
“En el recorrido tardas más de lo acostumbrado que en el asfalto, pero las largas jornadas de entrenamiento, a veces con tandas doble, nos dieron un indicador de lo que íbamos a encontrar. Y el hermoso escenario de la alta montaña más bien te llena de energía”.
Alberto Guerrero no quiso finalizar sin dejar a todos el siguiente mensaje:
“La montaña es mágica. Se admira y se trata con respeto. La planificación del entrenamiento en carreras diferentes a las usuales es clave. En Mifafi corroboré que el running es hermoso donde quieras que lo practiques”.
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